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EN TIERRA DE NADIE (3).
by sergiojaenlara on Septiembre 4th, 2007
¿Por qué matar? ¿Por qué resistir? Los paises ricos vienen a enseñaros como vivir mejor. Os enseñaremos a consumir, os enseñaremos la felicidad que supone adquirir un pedazo de edificio por el precio de un poblado, os enseñaremos que la vida es maravillosa siempre que se la podaís restregar a vuestro vecino, que no basta con ser feliz, que además hay que demostrarlo. Os enseñaremos a tratar bien a vuestras mujeres y a olvidarlas en un rincón de vuestra casa. Tenemos el secreto del sentido de la vida, os lo mostraremos; sabemos que vuestra actitud es la equivocada, que vivir no es dejar pasar el día sin conseguir algo mas, que los amigos están bien siempre que vengan con cerveza. Os conocemos, sabemos que sois malos y os convertiremos al bien, nuestro bien.
Por un momento pensó que aquellas almas que lo buscaban podrían enseñarle algo, que tenían el derecho de asesinarlo, que aquella tierra de mierda, era su tierra y que nadie tenía derecho a decirles como cuidar de ella.
Sabiduría popular: “el gato es mío y me lo follo cuando quiero”
Primer día de Academia. Sin aviso alguno, movido por el movimiento de la reciente masa, siguiendo un turno todavía no establecido, se sentó en aquel raido sillón de barbero sacamuelas. Triste contempló como el pelo caía sobre sus hombros, sin remedio, su cabellera negra, su melena descuidada con olor a moto y cigarrillo, se desvanecía con el movimiento vertiginoso de unas tijeras sin brillo y de una rapadora que se atrancaba.
No importaba el resultado, no se le pidió opinión, a nadie le importaba si quería dejarse las patillas mas o menos largas o si deseaba tener un poco de flequillo que peinar. Él ya no era él, era una pieza. Supo que estaba listo cuando el peluquero-carnicero retiró sin cuidado la toalla que rodeaba su cuello, dejando caer el pelo negro y húmedo sobre la camiseta verde que vestía desde hacía unas pocas horas. Se miró en el espejo y vió al muchacho que le precedió en el sillón y pudo prever el aspecto del que ahora iba a sentarse.
- Piezas, somos piezas.-
Pasó varias veces las manos sobre su cabeza para intentar recordar la sensación de aquella cabellera sobre su cabeza de chorlito soñador. Imposible recordar. Imposible recordar otra sensación que la del pinchazo del pelo corto y fuerte entre los dedos.
Moriría y otro pelón, tan bueno como él, lo reemplazaría, otro pelón inquieto, otro pelón con un par de pelotas. Porque es imposible tenerlos tan bien plantados y no saberlo. Al igual que su vecina sabe que no se puede estar mas buena, al igual que el frutero de su barrio sabe que es un gordo cabrón, al igual que Ella se sabe querida,…, él sabe que hay algo que lo diferencia de la mayoría.
No le importa morir, pero le importa como hacerlo
