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Archive for Septiembre, 2006

SIMPLEMENTE SOBREVIVIR.

by sergiojaenlara on Septiembre 28th, 2006

Leo en una recién descubierta revista (El Manifiesto) algo que dijo Brenan de los españoles: “Los españoles se aproximan a la tesitura de los griegos y de los romanos antiguos bastante más que cualquier otro pueblo moderno. Han preservado ese equilibrio sutil entre el intelecto y los sentidos que los romanos llamaban humanitas. A esta cualidad mediterránea le han agregado, además, algo de la tenacidad y el carácter continentales (…). El sabor que resulta es denso y poderoso unas veces, otras acre e incisivo.” (recogido a su vez del extracto de opinión de un afiliado a su foro Uisce).

¡Que bonito! ¡Que placer sentirse español! Ya me puedo ir a la cama contento.

¡Serían los de antes!, porque en los de ahora no veo esas cualidades, somos proyectos de acumuladores de grasa no curtida, tragones de televisión basura. Claro que nos parecemos a los romanos, pero a los últimos, a los de los dias finales de Roma, a los del pan y circo. Nosotros tenemos mucho de las dos cosas.

Padecemos los esfuerzos de nuestros padres, la última generacion que ha sufrido; nosotros los altos, nosotros los fuertes y guapos, miramos a veces con desdén a esos morenos bajitos que nos han dado de comer.

¿Y como devolvemos ese esfuerzo impagable? Con apatía, con pasividad, vivimos sin sueños, sin esperanzas, sin ganas de cambiar lo que está mal; somos la sombra de lo que eran nuestros antepasados. Vemos impasibles como todo se desmorona a nuestro alrededor.

Hoy deambulaba por un centro comercial que visito con frecuencia pese a que lo odio, llevo tres días seguidos yendo allí, no sé porqué voy, pero voy a la misma hora cada vez; repaso las mismas secciones esperando que milagrosamente algo haya cambiado. De repente me di cuenta de todo, salí espantado, cogí el coche y fuí a buscar un lugar apartado donde poder pensar. Lo comprendía, estaba allí buscando algo que comprar, algo en lo que gastar mi dinero.

No creo nada, simplemente sobrevivo, creo mis pequeñas metas materiales y una vez las consigo creo unas nuevas; es mi forma de estar atareado. Dicen que un tonto ocupado es un tonto feliz, yo soy la muestra que ejemplifica esa frase. Mi conducta es de un egoismo recalcitrante, pero todavía me desesperé mas cuando me dí cuenta que no sabía  a quien podía ayudar, que podía cambiar o que ideales podía apoyar.

No solamente voy a ser duro conmigo mismo, yo unicamente he servido como ejemplo, ahí fuera todos sobrevivís, simplemente haceis eso Sobrevivir.

(Me retiro a escuchar a Bob Dylan, su generación protestó, no consiguieron nada pero al menos crearon belleza, nosotros ni eso.)

 Escuchando. Bob Dylan - Is your love in vain?

¡PROTESTO!

by sergiojaenlara on Septiembre 21st, 2006

Los políticos haciendo política, discutiendo sobre cosas que nosotros no sabemos ni podemos controlar. Leemos los periódicos por la mañana y nos encolerizamos con la marcha del país. La gente se echa a la calle y protesta, por una nacionalidad que han inventado, por mostrarse distinto a ese vecino del que siente vergüenza ajena, protesta para impedir el descenso de su equipo, para que cambien al presidente de su club. Ellos protestan porque no les gusta la estatua que planean poner en la plaza de su barrio, porque van a instalar un basurero en las afueras, por un submarino nuclear que amarra en su propio país, por la marea negra que ojalá volviera y por el fuego que ellos mismos han provocado.
Yo protestaría porque ese paleto metido a constructor, amigo del alcalde, me está jodiendo la vida. Me echaría a la calle porque no quiero vender mis mejores años de vida por un puñado de ladrillos. Protesto también por vivir sin corazón y porque el camión de los donuts pasa siempre por debajo de mi casa y nunca se le ocurre dejarme un regalito.

¡QUE HORTERAS SOMOS!

by sergiojaenlara on Septiembre 11th, 2006

Escuchando. Universal traveller - Air.

Hoy he vuelto a desayunar donde lo hacía antes de mi larga ausencia. Añoraba las tostadas con roquefort, el buen café y el zumo de naranja recién exprimido que siempre tomaba los fines de semana en esta panadería de La Barrosa.

Allí esperando a ser servido, no podía dejar de sorprenderme por la gente que pese a estar de vacaciones pasaba acelerada por delante de mi vista.

Un hombre pasó ataviado con una camiseta de colores chillones, de esas que suelen venir acompañadas del lema: FUMA MARIHUANA; no se atrevió a tanto, vestía también un pantalón de tenis, éste tendría los mismos años que el propietario, incluso me gustó imaginar que se trataba del mismo pantalón con el que Santana ganó Wimbledon. Calzaba unas chanclas azules, con un lema que no alcancé a ver; sus dedos sobresalían unos cinco centímetros por delante, alcanzando en este detalle el estado de patética figura. Pensé que podía tratarse de un hombre de finanzas, ataviado de lunes a viernes con traje y corbata en Madrid; que no creía merecedores a los gaditanos de una mas respetuosa vestimenta.

Sucedíanse ante mi las camisetas con lemas irrisorios (¡Touch me!), los blusones flácidos a los que se destinan las que pasan los cincuenta, los atrevidos monos de ciclista, los surferos sin tabla y los chancleteros que suplen su falta de camiseta con una prominente y morena barriga.

Menos crítico fuí con las aprendices de modelo vestidas con pareo y bikini; deseando que no abrieran la boca hasta que llegaran a la siguiente esquina, para no ser obsequiado con una frase que afeara su aspecto.

Ya degustando mi tostada y sin nada que pudiera remediar aquel horrible espectáculo pensé que bastante tenía esta gente con pagar su casa, pagar el coche, pagar el colegio de sus críos, los libros  y las chanclas de dos tallas menos como para preocuparse de lo que iban a vestir en sus vacaciones.

A punto de olvidar lo que yo considero una falta de respeto, desistí de hacerlo al pensar que todos ellos poseerían un televisor de plasma de chorrocientas pulgadas empotrado en su salón; y me alegré de recordar este detalle, pues no tenía ganas alguna de perdonar a nadie.

Seguí con la tostada y al volver a alzar la vista la calle se iluminó, aparecieron ELLOS, una pareja de ancianos cogidos de la mano pasó por delante, despacio, con mirada alegre y tierna. Ella delgada, de esa piel morena que se consigue tras muchos veranos, ataviada con un vestido claro y sencillo, los zarcillos brillaban al sol. Ël pequeño y fuerte, vestía una camisa de cuadros y unas bermudas, en sus pies unas zapatillas de lona calada;  quise pensar que olería a Varon Dandy, sus piernas ya se arqueaban demasiado y sus fuertes gemelos comenzaban el triste camino de la mengua.

Pasaron y la calle se oscureció de nuevo; pero por unos segundos al ver a aquellos ancianos cogidos de la mano pensé que es posible ser feliz y envejecer honorablemente, pensé en lo fácil que resulta ser sublime y recordé la vulgaridad que nos consume.

 

LA BARBERÍA

by sergiojaenlara on Septiembre 2nd, 2006

Acuciado por las normas de policía (aspecto) que rigen mi empresa tuve que buscar un sitio donde adecentar mi prolija cabellera, en concreto esa zona que marcaba la diferencia entre el mayoral y el señorito, es decir, las patillas. Digo que marcaba porque hoy en día las patillas del señorito suelen ser mayores que las del capataz, sobre todo en aquellos que no tienen ni finca ni capataz.
Recordé entonces malas experiencias anteriores en esas peluquerías franquiciadas, donde sufrimos los desmanes creativos de muchachas con peinados de estilo inclasificable, doble chicle en boca y verborrea escasa. Traduciendo, en este tipo de salones-escuelas, donde te sientes un busto de prácticas mas que un cliente, la pregunta ¿Como? (pronunciada con una dejadez y chulería insoportable) significa ¿Como quiere el pelado?
Opté entonces por una peluquería, debería decir barbería, de puerta de madera y pirulí tricolor en la entrada, donde el peluquero dejaba notar en su voz que no era homosexual o por lo menos no era amanerado (lo primero lo soporto y respeto, lo segundo no). Al entrar comprobé que el suelo era del mismo tipo que esos bares donde acercarte a la barra es pisar colillas, y que es donde suelen servir las mejores tapas y tirar la mejor cerveza de barril, todo al precio que cuesta un    ¡Hola! en Madrid.
Tras esperar el paso por la silla de dos bienpensantes, no porque piensen bien sino porque piensan como yo, acudí a la llamada de aquel sillón de viejo cuero negro bien cuidado. Dispuso el peluquero el “babero” de manera que no era posible la entrada de un sólo pelo en la pechera y tras esto escuché unas maravillosas palabras: - ¿Como va a ser? - , daban ganas de contestar: - Lo quiero poco hecho, sangrante - pero me contuve.
El barbero interpretó mis directrices en la dirección correcta y el resultado milagrosamente (por comparación con las experiencias anteriores ya descritas) era idéntico al deseado.
Pagué agradecido una cantidad mucho menor a la acostumbrada y salí como los cabestros, en busca de una ducha que seguramente no necesitaba pero era la costumbre, pensando si mi espíritu es viejo por pensar que hay cosas que jamás debieran cambiar.